“No me abandonen”, la súplica de la pareja de Lourdes Espíndola al jefe de la Policía Bonaerense

Nada más pesado que el dolor en una despedida. Rodeados de cientos de policías, amigos, familiares y curiosos, los padres de Lourdes Espíndola (25) y su pareja, Fernando Altamirano (36), fueron los únicos que estuvieron sentados en el adiós a la agente de la Bonaerense asesinada el domingo. No hubieran podido hacerlo de otra forma. Cuando Fabián Perroni, jefe de la Policía provincial, le entregó la bandera argentina que cubría el féretro de Lourdes a la madre de la joven, Adriana Silvana Jofre (46), la mujer descomprimió la tensión de la tristeza de su cuerpo y estalló en un llanto desgarrador que cubrió al taparse su cara con el sol del estandarte nacional. Una metáfora letal.

Adriana Jofre, mamá de Lourdes, tras recibir la bandera nacional

Adriana Jofre, mamá de Lourdes, tras recibir la bandera nacional

Lourdes, que fue asesinada en Ituzaingó mientras esperaba el colectivo después de terminar su turno laboral, fue velada durante la noche del lunes en Berazategui, ciudad donde vivía junto a su hija de seis años y su pareja, y finalmente sus restos fueron depositados en un nicho del cementerio municipal de esa ciudad del sur del conurbano.

El cuerpo llegó cerca de las 11.30 y la ceremonia tuvo todos los honores que se les da a un caído de la fuerza. La entrada del cortejo al cementerio de la localidad de Ranelagh estuvo custodiada por representantes de las policías de la Provincia, de la Ciudad de Buenos Aires y Federal. La banda musical de la Bonaerense tocó la marcha fúnebre mientras unos siete policías motorizados custodiaban el cuerpo de la joven.

El capellán del cementerio dedicó palabras del Evangelio para la policía sesinada

El capellán del cementerio dedicó palabras del Evangelio para la policía sesinada

Hubo un breve acto de homenaje a Lourdes en el medio de la calle que lleva a los nichos. La escena fue conmovedora. Cientos de policías, incluido Perroni, un capellán, y los familiares y amigos de Lourdes rodearon el cajón, cubierto por la bandera argentina. Sobre éste, como indica la tradición marcial, estaba la gorra de la mujer policía, que luego de las palabras del sacerdote, le fue entregado por el Jefe de la fuerza al padre de la víctima, Juan Espíndola.

“Esperamos que Dios recompense la entrega de Lourdes, que dio su propia vida para hacer de esta Provincia un lugar mejor”, dijo el capellán. Luego, un integrante del área de Protocolo del Ministerio de Seguridad bonaerense anunció la baja y el ascenso post mortemde Espíndola, integrante del Comando de Patrulla de Moreno, al grado de subteniente.

Un funcionario provincial anunció el ascenso post mortem de Lourdes

Un funcionario provincial anunció el ascenso post mortem de Lourdes

Inmediatamente, una agente de la guardia de honor de la Policía Bonaerense hizo sonar en su trompeta con la clásica melodía de despedida, que conmovió a todos, especialmente a los padres de la joven. A pocos metros, una chica sollozaba. “Quiero de vuelta a mi amiga”, le decía a su novio, abrazada.

En ese momento, Fernando Altamirano, novio de Lourdes y también policía bonaerense, estalló en llanto. Minutos después, cuando Perroni se le acercó para saludarlo, parecieron quedar atrás los rencores del día anterior, cuando el hombre acusó a su superior de no cuidarlos y el jefe le dijo que se hiciera “hombrecito”.

Fabián Perroni saluda a Juan Espíndola, padre de Lourdes, y le entrega la gorra policial de su hija

Fabián Perroni saluda a Juan Espíndola, padre de Lourdes, y le entrega la gorra policial de su hija

En el cementerio, el clima fue diferente, de comprensión y dolor de ambos lados, especialmente de Altamirano, quien le pidió a Perroni: “No me abandone, ni usted ni los camaradas”. Perroni lo abrazó fuerte y la pareja de la víctima le tomó ambos brazos.

Más tarde, la máxima autoridad de la Bonaerense aclaró ante la prensa: “Es un día de luto.Estamos en un momento complicado en la lucha contra el delito. No es ni entre nosotros ni contra nadie y es permanente”. Y luego, Perroni agregó, en referencia a la súplica de Altamirano: “No voy a abandonarlo porque soy un policía de calle”.

(Fotos Nicolás Aboaf)

(Fotos Nicolás Aboaf)

Lourdes Espíndola ya descansa para siempre en la Sección 84 de los nichos del cementerio de Berazategui. Allí la dejaron sus padres, sus amigos, sus compañeros de trabajo y las autoridades policiales. Antes del final, todos gritaron “¡Subteniente Lourdes Espíndola, presente!”. Y se retiraron con aplausos. Su madre, en cambio, se fue abrazada a la bandera argentina, en una silla de ruedas, asistida por un enfermero y conectada a un tubo de oxígeno. Era demasiado el dolor para soportarlo de pie.

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