Dos abogados debaten sobre el tema. Uno afirma que el adolescente era maduro sexualmente. El otro cree que la sentencia es “una aberración”.

Dos abogados debaten sobre el tema. Uno afirma que el adolescente era maduro sexualmente. El otro cree que la sentencia es “una aberración”. El caso de la maestra particular de 23 años que tuvo un hijo con su alumno de 13 años, fue acusada de estupro y luego absuelta por la Justicia, que consideró que el vínculo fue consentido por el menor e impulsado por los familiares, genera debate entre los especialistas.
Están los que piensan que la decisión de la Justicia fue acertada y los que creen que -por el contrario- fue un error.

“Estoy completamente de acuerdo con el fallo”, afirma Eduardo Gerome, abogado penalista: “Por las características del hecho, no caben dudas de que el chico no tenía inmadurez. La única posibilidad de que el código castigue a este caso como abuso sexual es cuando se aprovecha la inmadurez, algo que no ocurrió”.

Según se conoció, la maestra, luego de haber quedado embarazada, les pidió a los familiares del chico si podía ir a vivir con ellos, algo que ocurrió. Cuando la relación se rompió y la maestra abandonó al chico para formar pareja con otro hombre, fue denunciada por estupro (delito sexual con adolescentes).

“A tal punto tenía una relación consentida que continuó con el tiempo, no sólo fue consentida entre ellos, sino también por los familiares. Convivieron por un largo tiempo y fue recién cuando ella se fue de la casa que decidieron denunciarla. Fue hecho pensado en la venganza, no por el derecho del menor. Quedó demostrado que hubo un propósito indicativo, no fue un pedido de Justicia, sino de venganza”, analizó Gerome en diálogo con Clarín.

A la hora de explicar la madurez sexual de una persona, el abogado dijo que para eso se tienen en cuenta distintas conductas: “La madurez sexual es cuando se sabe perfectamente lo que se está haciendo, los alcances, cómo se hace, para qué. Es un pensamiento adulto. En este caso no se aprovechó de su inocencia, él sabía en qué consistía lo que hacía”.

Cuando fue consultado por la posibilidad de que la situación se hubiese dado al revés -es decir el docente un varón y la alumna una menor de edad- Gerome dijo que judicialmente debería ser igual, aunque condicionó el final debido a la mirada social que hay sobre estos temas: “En este momento hay una mirada mucho más aguda respecto al abuso de mujeres y no sé si pasaría exactamente lo mismo. Hay una cuestión de protección mucho mayor a la mujer, esto es lo que lo haría cambiar”.

En la vereda opuesta, el también abogado Julio Cesar Torrada opinó que el fallo es una aberración: “En la legislación Argentina no hay discernimiento, es decir que una persona a esa edad no puede dar su consentimiento porque no lo tiene”.

Partiendo de esa base, el especialista en violencia de genero, abuso y maltrato infantil dijo también que al ser la mujer adulta también docente lo hace un agravante en la causa: “Porque ella es una figura de autoridad y que tiene la responsabilidad de formar y educar a un menor”.

Cuando se le consulta sobre el consentimiento de los familiares, Torrada afirma que eso no significa nada: “Hay casos de padres profesionales que, orgullosos, felicitan a su hija menor de edad cuando sale con algún jugador de fútbol por ejemplo. Conozco casos así en el interior y eso no significa que esté bien. Con ese criterio hay chicas de esa edad que ya están desarrolladas, pero no por eso pueden consentir con mayores para tener sexo”.

Sobre el fallo, Torrada, quien es fundador de la Organización Vivas Las Queremos, insistió: “Con esta resolución se sienta un peligroso antecedente. El abuso existe cuando se violenta la integridad sexual de un menor, algo que acá sí pasó”.

CLARIN

 

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